Deseaba volver a casa, al poder ser sin sus miradas y sin las sonrisas que tocaban pero no nacían. Quitarse los tacones para poder mirar la vida desde el suelo que - ahora sí, ya sí - sabía que pisaba. Protegerse de las expectativas que la situación creaba. Porque, una vez más, fue la versión para complacer lo que ellos esperaban y merecían recibir de ella, pero no la verdadera. Ella necesitaba ser y sólo en la verdad de su refugio y de su cotidianidad era.
Mientras estaba en el escenario, se debía a su público. Un público efusivo y entregado, un público que estaba allí por ella. ¿Cómo no iba a darlo todo? ¿Cómo iba a decepcionarlo?
No, imposible.
Siempre antes los otros, la mirada ajena.
Siempre actriz de ojos brillantes y sonrisa eterna.
Nunca ella.

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