(No sabía que hay espacios,
aun empequeñecidos por la mirada
tras los años,
poderosos e hirientes de recuerdo)
Volví a ese patio
y a mi infancia
Volví a la niña de uniforme y gorilas,
que lloraba suplicante
aferrada a una falda
[última salvación posible]
Volví a ese lugar donde aprendí
-acaso azarosamente pronto-
a qué sabe el dolor
del frío en la mirada,
de la soberbia en las manos,
del encierro en los pasos.
Volví a ser niña
que quería volver a casa
y no podía.
Volví.
Y lloré
por mí y por ella.
Después,
Volví a casa.
Podía.

👏
ResponderEliminarGracias 🙂
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