Aprendí que un buen cuento
lo cuentan los hijos:
Un érase una vez
cada mañana
El intento repetido
de que lleguen cada noche
sintiendo que comieron sus perdices
Descubrir cada día
una aventura
de nuevos argumentos.
Entender que ahí estaba,
justo en lo que crece entre mis manos,
la eterna moraleja regalada.

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