Tengo muy pocas certezas:
El mar en su orilla de vuelta
La mañana y su sol invencible
Que me miras y me encuentro
El mar en su orilla de vuelta
La mañana y su sol invencible
Que me miras y me encuentro
Tengo unas cuantas certezas:
El viento de levante
[y de poniente]
Las dunas de un pinar salado
Que me nombras y me entrego
Tengo apenas diez certezas:
El olor a salitre en mi pelo
La arena en mis pies agotados
Que me abrazas y me salvo
La arena en mis pies agotados
Que me abrazas y me salvo
Tengo, al menos, la certeza
de tenerte en lo más cierto

Surten tantas certezas como tránsitos.
ResponderEliminarQuiero volver a aquellos días de mi infancia junto al mar de Cádiz, aireándome la frente con las ondas de los pinares ribereños... escribía R. Alberti.
No sé por qué aún, pero siento predilección por las fotos desenfocadas, quizás entrañen más certeza que la nitidez.
Gracias, Tempero, por volcar en este rincón, ahora también tuyo, tus palabras
EliminarUn abrazo